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Mostrando entradas con la etiqueta peñoncito. Mostrar todas las entradas
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02 octubre 2012

Capturado por porte ilegal de arma en pijiño del carmen







"Por otro lado , en la vía que conduce del Municipio de Pijiño del Carmen al Corregimiento de Peñoncito, fue capturado Daniel Gonzalez Torres de 33 años a quien se len hallo un arma de fuego clase escopeta, pavonada, sin numeración, guardamano de madera, fabricación artesanal, sin permiso para porte o tenencia. Arma de fuego fue dejada a disposición de la Fiscalía Seccional No. 23 del Banco."

Fuente

 

16 julio 2011

La cultura del cazabe



 

  1. Expandir


    En memoria de un gran amigo que se fue Publicacion autorizada antes de su fallecimiento

     Q.E.P.D Francisco de Jesús Navarro Fonseca.



    cultura del cazabe

    La yuca o mandioca, originaria de América fue, es y sigue siendo básica en la alimentación diaria de nuestra comunidad latinoamericana en sus diferentes procedimientos y usos. Desde hace siglos, nuestros aborígenes se ingeniaron en el caso de los llanos Orientales la manera de extraerle el veneno a la yuca brava y poder así consumirla. Los Chimilas y los demás grupos indígenas de nuestra región también hicieron lo propio, con la diferencia, que les tocó elaborar la yuca dulce. Es así como encontramos el mañoco y la torta de yuca (cazabe), los productos más representativos a nivel indígena.Antes de la llegada de los españoles a nuestro continente, las actividades principales de los indígenas eran: la caza, la pesca y la agricultura. La sociedad se encontraba organizada, en el caso de Colombia por cacicazgos y núcleos familiares llamados Clanes; el jefe de cada Clan era el responsable de alimentar a su familia. Es así como los hombres salían a cazar y las mujeres se dedicaban a fabricar grandes cantidades de tortas de cazabe, algunas tan inmensas que las tiraban sobre el techo de sus casas de palma, para que se secaran al sol y después las guardaban para el consumo diario, estas tortas de yuca podían durar hasta un mes, de acuerdo con la necesidad alimentaria del Clan.

     Elaboración y comercialización del cazabe

    El asentamiento humano donde se empezó la fabricación artesanal del cazabe en la región Caribe fue al Norte del departamento del Atlántico, en las poblaciones de Malambo, Sabana Larga y Sabana Grande.En esa época el transporte fluvial se hacía a través de Champanes o balsas construidas con bambú o madera que podía flotar. Estos champanes provenientes de Malambo Atlántico llegaban hasta los pueblos del Sur del río Magdalena transportando bultos de cazabe envueltos en hojas de bijao o piñón, denominados “adorotes”. Para luego devolverse cargados con leña, la cual era el combustible natural para asar el producto. En un principio las poblaciones del Brazo de Mompós sólo eran consumidoras, pero debido a las relaciones comerciales y sociales con las personas que traían el producto, se averiguó cómo fabricaban el cazabe. A finales del siglo XIX, se empezó a procesar el cazabe en Peñoncito y en la región.Desde el mismo momento en que el colonizador europeo llega a nuestras tierras asimila también algunos aspectos de la alimentación aborigen, es así como se sabe del consumo del cazabe por parte de los europeos, que lo comían con mantequilla y mermeladas, ya que estos en los largos viajes marítimos que hacían lo transportaban para la alimentación de la tripulación por su consistencia y la duración del mismo.El proceso de fabricación artesanal del cazabe es el siguiente: con un cuchillo se le quita la concha o corteza a la yuca (materia prima); luego se ralla la yuca descortezada (se pasa por un “rallo”), convirtiéndose en una masa; posteriormente, la masa se introduce en un “torcedor” para exprimirla, es decir, extraerle el líquido; finalizado este procedimiento, se toma el material que resulta de la deshidratación de la masa y se mete en un “pilón” para convertirlo en harina; este producto se pasa por un “cernidor”, una especie de cedazo o tamiz, el cual cumple la función de selección y purificación de la harina; finalmente este producto se riega en forma circular sobre la plancha del “budel” para efectuar el proceso de asado. Si lo que se quiere obtener es el producto llamado “cazabito”, entonces a la harina seleccionada se le agregan otros ingredientes, como anís en grano, azúcar, queso rallado y corteza de limón rallada.El casabe se acostumbraba a portarlo a través de “catabres” y “aguaderas” de bejuco, y la vendedora o vendedor se transportaba en burros a los pueblos circunvecinos, donde se vendía con gran facilidad y rapidez. Otra forma de comercializarlo fue en canoas, maniobradas por los “bogas”; estas partían de Peñoncito a Mompós, transportando también otros productos. Dicha comercialización sólo la hacían los jueves y domingos de cada semana. Tiempo después aparecieron las canoas con motores fuera de borda, las cuales las llamaron “Johnsons”, tal vez por la marca del motor. Para esa misma época existían varias lanchas: la “Compañía”, la “Graciela”, la “Nena”, la “Gitana” y otras, que hacían el recorrido Mompós_ Magangué, transportando pasajeros y carga, entre ella, cazabe. Estas embarcaciones pitaban antes de llegar a cada población, para avisarles a los pasajeros y comerciantes que esperaban ansiosos en el puerto de cada pueblo. En la actualidad se porta el cazabe en cajas de cartón, en poncheras de aluminio o plástico bien cubiertas. Las vendedoras se transportan en mototaxis haciendo el antiguo recorrido peñoncito-Mompós. Otra forma de comercialización, aunque muy fortuita, es cuando hacen encargos para ciudades nacionales y extranjeras; en este caso se empaca el cazabe en cajas de cartón muy resistentes y resguardadas con cintas adhesivas, que garanticen la pulcritud y calidad del producto. Las primeras cazaberas que existieron en Peñoncito, fueron: Tomasa Navarro Rodríguez, Catalina Rubio, Eustacia Hernández, Eufemia Quiñones, María Dolores Ortega, Juliana Pacheco, Zenith Caballero, Cristina Pacheco, Juana Valentina Navarro, Basilisa Jiménez, entre otras. En la actualidad se encuentran: María Ignacia Oliveros, Ester María de Castilla, Denis Delgado, Nereida Rojas, María de la Cruz Paternina, Nuris Romero, Reyes Navarro, Judith Navarro, Berena Borré, entre otras.

    Elementos utilizados en el proceso de elaboración artesanal del casabe y sus usos

     Rayo:

    Utensilio artesanal hecho con un trozo de zinc liso, el cual se le hacen unos orificios con un clavo, lo que permite formar una superficie áspera, con pequeños filos que sirven para cortar en forma minúscula la yuca (rallar). Como la lámina de zinc es muy endeble es necesario colocarle un pedazo de madera cóncava para darle sostenibilidad y consistencia al proceso de rallado de la yuca. Torcedor: Utensilio en forma de hamaca elaborado con costales de arroz (anteriormente se hacía de majagua de ceiba). Se sujetan sus extremos entre dos árboles o dos postes, y en uno de los cuales se le entremete un madero que funciona como torniquete. Al accionar el mecanismo, la masa producto de la yuca rallada, se introduce en el fondo del torcedor, y se va exprimiendo a medida que se maniobra el torniquete. El líquido que se extrae de ese proceso es utilizado como alimento para los cerdos.

    Pilón y mano de pilón:

    Instrumento de madera construido a partir de un tronco de árbol robusto, que es moldeado en forma romboidal por el artesano, de tal manera que la mitad del tronco o cintura se abre hacia abajo para servir de base y la otra parte se abre hacia arriba y se convierte en recipiente donde se echa la masa que ha salido del torcedor o cualquier otro producto que se vaya a triturar o pilar. Este utensilio es acompañado por un madero labrado (mano de pilón) que sirve para pisar la harina de yuca y hacerla más fina.

    Cedazo o cernidor:

    El cuadrante es construido en madera y forrado en angeo. En su superficie se vierte la harina que ha pasado por el pilón; y se cierne de tal manera que no queden brumos, dejando la harina lista para fabricar y ornear la torta en la plancha del budel.

     Bongo:

    Es un recipiente grande y profundo, labrado en madera en forma artesanal, utilizado para echar la harina de yuca cuando está cernida.

    Plancha o budel:

    Es una lámina de acero o hierro insertada en una hornilla semicircular construida con ladrillos y forrada del mismo material con que se construyen las casas de bahareque. Encima de esta plancha caliente se riega la harina de yuca lista para que se forme y se dore la torta de cazabe, la cual antes de voltearla se le agrega una mezcla de queso, anís, azúcar y corteza de limón rayada, con el fin de hacerla más apetitosa.

    La pala:

    Es un utensilio plano y redondo, en forma de raqueta de tenis de mesa, fabricado en madera, utilizada para voltear la torta de cazabe.

     El muzengue:

    Es un instrumento artesanal fabricado con el vástago del racimo de palma de vino, que se construye golpeando con un mazo uno de sus extremos, hasta convertirlo en hilos fuertes en forma de cabellera o cola de caballo, sirve para sacudir los residuos de harina que impiden obtener una buena torta de cazabe.

     Festival nacional del cazabe en peñoncito magdalena

     Con el nacimiento del Colegio Cooperativo y Ecológico “Tomás Herrera Cantillo”, con el patrocinio oficial de Colcultura, organizan sus profesores; encabezados por Juan Herrera Cantillo, Hernán Corrales Caro y Máximo Alemán Padilla el Primer festival nacional del cazabe, el 1º, 2 y 3 de diciembre de 1989 con el propósito de estudiar, conocer y valorar nuestras raíces auténticas, manifiestas en las expresiones populares, que llegan a nosotros por la tradición oral. Otro de sus objetivos era reconocer el valor cultural del cazabe y resaltar a las señoras que durante toda su vida la han dedicado a fabricar este producto alimenticio, denominado el “Pan de América” por el maestro Enrique Pérez Arbeláez; quien considera que su historia data desde hace muchos años, siglos antes del presente, ya que anteriormente en la América primitiva no existían panificadoras. El Festival Nacional del cazabe llevó a muchos compositores e interpretes de Chandé de Peñoncito a componerle canciones al cazabe en ritmo de Chandé. Tal fue el caso de Eligio Castilla Rodríguez, quien compuso la canción del cazabe, este hecho inspiró al profesor Hugo Pabón Lobato para componer otro Chandé y la coreografía de la Danza del Cazabe, que hoy en día es reconocida a nivel local, municipal, regional y nacional; apoyada por el Fondo Mixto de Cultura del Magdalena, con el propósito de darla a conocer en el exterior. El profesor Hugo Pabón, opina que encuentra una estrecha relación triangular entre la danza del cazabe, el ritmo del Chandé como canto popular y el proceso de elaboración artesanal del “Pan de América” en cuanto a la similitud de los movimientos que ejecutan tanto danzantes, el ritmo del canto del Chandé y los movimientos y gestos ágiles que ejecutan las personas que intervienen en el proceso de fabricación del cazabe. Esta fusión se transforma en un hibrido cultural, si tenemos en cuenta que el baile del Chandé es de ágiles movimientos, y los gestos que se hacen es de acuerdo al canto, lógicamente, la Danza del Cazabe que es de laboreo y se baila en ritmo de Chandé van entrelazadas.

     Francisco de Jesús Navarro Fonseca.




11 enero 2011

El fenómeno de la emigración en peñoncito magdalena





Publicación autorizada por  mi  gran amigo el escritor   Francisco de Jesús Navarro Fonseca  ( Chico Navarro)









"A lo largo y ancho del Brazo de Mompós, y por lo general, en todas las subregiones de Colombia, la Emigración hacia Venezuela se presentó como un fenómeno socio-económico y cultural muy acentuado en la región, que influyó determinantemente en la personalidad de gran parte del  colombiano y por ende, del habitante de la depresión Momposina, también conocido y reseñado por el sociólogo de origen momposino, Orlando Fals Borda, como “El Hombre Anfibio”. El éxodo de peñonciteros hacia las haciendas ganaderas y agrícolas venezolanas se presentó a mediados de los años cincuenta (1950). Los primeros hombres de Peñoncito que llegaron a penetrar las trochas venezolanas, fueron: Rafael Antonio Navarro Rodríguez, Julio Guerrero, Pedro Agustín Navarro, José de la Rosa Pérez, Saúl Ortiz Ernache, Genaro Castilla, Manuel Francisco Martínez, Joaquín Palacios y Junoth Arévalo. Estos señores lo hacían entrando por la trocha de la Guaracuya en la Serranía del Perijá, en límites con los departamentos de Cesar y Guajira. De Peñoncito llegaban a Becerril, Manaure y Codazzi Cesar, donde se aviaban de alimentos, tabacos, sombreros, ron, y dulces; productos que eran repartidos a lo largo de la travesía entre la población indígena, en gran parte de origen Guayuu que se encontraban en su camino. Esta costumbre tenía su contraprestación, pues los indígenas en muchas ocasiones los ayudaban en trances difíciles con la guardia venezolana y con asaltantes  de caminos. En esta población hacían una segunda despedida, iban a los bares y cabarets de mala muerte a emborracharse y pasar parte de la noche con damas de compañía. Fue en uno de esos sitios donde le sucedió al señor Junoth Arévalo la siguiente anécdota: como era considerado por sus compañeros de travesía, un hombre fiel a su esposa; Rafael Navarro, quien era su compadre y tío de su compañera  Lucina Fonseca Navarro; le quiso jugar una mala broma, lo convenció para que se acostara con una de aquellas damas del cabaret, le dijo que no se preocupara por el pago de la noche de placer, porque él ya había contratado a la chica más bella del negocio y le había pagado muy bien.  Junoth, conociendo lo bromista que era su compadre, no le creyó, pero cuando vio que la única mujer simpática que había en aquel lugar se le acercaba y se sentaba en sus piernas, entonces no tuvo ninguna duda. Se llevó a la mujer a la pieza; empezaron hacer el amor, pero cuando estaban en lo mejor, la mujer le cobró. Junoth se puso pálido y frío, se registró los bolsillos y ya no le quedaba sino la plata para comer en la travesía de la sierra. No tuvo otro camino que salir corriendo como dios lo echó al mundo. La mujer hizo lo mismo para perseguir al tramposo, pero no lo pudo alcanzar. Estas clases de mujeres aprenden en la marcha, así que se fue directo a la pieza donde se había hospedado Junoth y se hizo pagar con su hamaca. Cuando regresó de Venezuela, su esposa Lucina Fonseca le preguntó por la hamaca que se había llevado, y él le respondió que la había puesto a secar en la cerca de una porqueriza, con tan mala suerte que una puerca mona se la había engullido enterita.

Sin dormir un minuto, partían a las primeras horas de la madrugada rumbo al Cerro de los Tres Peos, accidente geográfico muy difícil de ascender por lo empinado y peligroso, tanto, que les representaba un día entero de camino. En total el recorrido que tenían que hacer para entrar a Venezuela duraba de tres a cuatro días, para al final llegar a la ciudad de Machique en el Estado de Perijá, de ahí se repartían a las haciendas que ellos habían ayudado a civilizar junto con sus dueños. Materas como Las Delicias y Altamira, de propiedad del señor Miguel Rincón, conocido popularmente como “El Chino Miguel”. Estos primeros emigrantes empezaron a llevarse otros peñonciteros como por ejemplo, a: Cristóbal Machado, Luciano Guerrero, Adelmo, Genarito, Álvaro, Donisel y Juan Castilla Navarro, César Pérez, Vidal Pérez, Víctor Pérez, Oswaldo Y Ubaldo Villafañe, Ángel, Cristóbal, Benito, Donisel y Orlando Machado Navarro; César, Patrocinio, Juan, Bernardo, Guillermo, Jorge Y Bladimiro Fonseca Dávila; Adalberto, José, Carlos, Pedro, Turis y Luis Navarro Navarro, Juan Jiménez y sus hijos: Franco, Carlos, Martín, Hernán, Juan y Hernando; Abraham y Julio Vargas Romero, Eliécer y Florentino Ernache, Marcelo y Oscarito Lara, los hermanos Castilla Viveros, Castilla Fonseca y Castilla ; entre muchos otros. Hacer un listado de las personas de Peñoncito que emigraron a Venezuela, representaría más del noventa por ciento de la población de aquel entonces, entre hombres, mujeres, niños y hasta ancianos. Por ejemplo, emigraron a este vecino país damas muy respetadas y consideradas en Peñoncito, como Enoes y Digna Villafañe, Severiana, Josefa y Cristina Fonseca Navarro, María de Jesús Guerrero de Fonseca, Bernardina Toro de Castilla, Antonia y Griseldina Navarro Patrón, María Ester Ortega, María América Herrera de Villafañe, Polonia Navarro Rodríguez, entre otras.  El hecho de que ya no solamente viajaban a Venezuela los que empezaron estas emigraciones, sino también otras personas que fueron iniciadas por las primeras; trajo como ventaja la exploración de otras rutas de entradas al vecino país; es así como empezaron a entrar también por la vía de Maicao Guajira, más precisamente, por la zona del río Paraguachón y el puente Rumichaca, la Guaira; posteriormente por la vía de los santanderes: Tibú, Cúcuta, Puerto Santander; algunos lo hicieron de noche, por Tres Bocas en un cayuco hasta el puente Tarra que ya es Venezuela; y por los Llanos Orientales colombianos. Es importante resaltar, que en un principio, las personas, tanto hombres como mujeres que emigraban a Venezuela en busca de trabajo, lo hacían en forma clandestina, para laborar en el campo (como jornaleros, cocinares (maestras), becerreros, sabaneros, tractoristas, caporales, etc.) en Materas y Haciendas, muchas de ellas forjadas y civilizadas por peñonciteros.  Tiempo después, muchos de ellos emigraron del campo a la ciudad en busca de mejores salarios, civilización, es decir, mejores condiciones de vida digna. Lo que les obligaba a legalizar su permanencia en Venezuela. En ciudades como Caracas, Machique, Maracaibo, Isla Margarita, Valencia; se desempeñaban como jardineros,  modistas, constructores, albañiles, carpinteros, ebanistas, comerciantes, pintores de brocha gorda y demás oficios propios de la ciudad. La población femenina fue la que más emigró a las grandes y pequeñas ciudades venezolanas.



4.1 ALGUNAS CAUSAS DE LA EMIGRACIÓN HACIA VENEZUELA

Las causas o razones por las cuales emigraron los peñonciteros a Venezuela son las siguientes: el mejoramiento social y económico de la familia; solucionar problemas de falda; ostentar por vanidad una vida de parranda, lujos y despilfarro; por huir de la justicia; poder pagar estudios universitarios y algunas otras razones de poco peso o que estaban contenidas en las ya mencionadas.
Unas de las razones más contundentes y sociológicamente explicables de la emigración de familias enteras de Peñoncito hacia Venezuela fueron de tipo económico y de mejoramiento social. En esa época el cambio climático no afectaba a nuestra región; así que nuestros campesinos se regían por la lectura de los tiempos a través de las cabañuelas para cultivar las tierras. También había abundante caza y pesca sin correr el riesgo de una extinción masiva de los recursos naturales. En cuanto a la formación académica de la niñez y la juventud no había gran exigencia social. Todo lo anterior garantizaba un desarrollo sostenible a largo plazo y una vida tranquila sin sobresaltos ni angustias por la caída de la bolsa. Si embargo, el hombre por naturaleza es sociable y progresista, tiende al mejoramiento de sí mismo y de los demás. Se siente insatisfecho con lo que tiene y quiere atreverse a explorar otras alternativas, es decir, quiere evolucionar como ser social, capital e intelectual. Lógicamente, esto no rige para todos los hombres, sino para algunos que son ambiciosos y para los que no tienen el lastre del esclavismo en su mundo consciente e inconsciente. Entonces, partían para Venezuela con el propósito de ganar y ahorrar dinero durante dos, tres, cuatro, cinco o más años; ya que el Bolívar, que es la moneda venezolana, llegó a tener un valor equivalente a diecisiete pesos colombianos. Al término de ese tiempo regresaban a su patria chica. Compraban terrenos, casas, semovientes, algunos ponían negocios, adecuaban las casas si las tenían con anterioridad, compraban electrodomésticos, muebles nuevos y demás enseres de la casa. Ponían a sus hijos a estudiar en colegios y universidades.
Por otro lado estaban los que emigraban a Venezuela para resolver un problema de faldas. En esa época, entre los años 50, 60, 70, y 80 existía la cultura de la honra femenina; la cual consistía en mantenerse virgen hasta el matrimonio. Si la pareja de novios era demasiado ansiosa y se veían forzados a romper con este tipo de ataduras, entonces, esta circunstancia se prestaba para dos alternativas: o se casaban o el novio tenía que pagar daños y perjuicios. Si acordaban casarse, por lo general, el novio no tenía donde caerse muerto, por tal razón la forma más directa de resolver el problema era emigrar a Venezuela para trabajar la plata del matrimonio. Si por el contrario, no quería casarse, y se comprometía en pagar la deshonra, de todas formas, también le tocaba emigrar al vecino país, para trabajar el dinero de la deuda por el desvirgue. Si no convenían ninguna de las dos alternativas, y el novio se hacía el desentendido, lo más factible era que fuese considerado objetivo militar por parte de la familia  de la agraviada o prófugo de la justicia, debido a que este desacato era considerado un delito por la justicia colombiana. En ambas circunstancias el pobre hombre se veía en la necesidad de emigrar hacia bien adentro de Venezuela.
Ostentar por vanidad una vida de parranda (bohemia), lujos y despilfarro, era la causa de emigración más frecuente entre los jóvenes de la época. Las razones de este tipo de emigración se presentaban porque los jóvenes son muy dados a ostentar los lujos de la moda para deslumbrar al sexo opuesto o para despertar envidia entre el mismo sexo. Por otro lado está el placer por la bohemia. Satisfacer los caros caprichos de la moda, y el mundo de la bohemia significaba para un joven peñoncitero sin familiares que le pudieran solventar económicamente todo lo anterior, lo más factible era emigrar hacia Venezuela, con el claro objetivo de poder conseguir el dinero más que suficiente, para regresar los diciembres o los septiembres en las fiestas patronales de Peñoncito, y darse la gran vida: ropa, zapatos, sombreros, cinturone, relojes y demás accesorios masculinos a la altura de la última moda; parrandas interminables, bailes desaforados donde los fajos de billetes remplazaban las velas del fandango.  A principio de los diciembres y a mediados de los septiembres, el puerto de Peñoncito sobre el río Magdalena se veía abarrotado de infinidades de niños descalzos y sin camisa a la espera de los “venezolanos”. No habían saltado bien de las chalupas que los traían expresos desde El Banco Magdalena o de Magangué Bolívar, cuando los niños asaltaban las embarcaciones para apoderarse de las maletas, cajas y demás equipajes de los “venezolanos” que acababan de arribar a su pueblo natal. Los niños “maleteros” tenían claro, que después que llegaran a los hogares de los dueños de las maletas y equipajes, eran premiados por éstos, con dulces, ropa, calzados y dinero.
Los recienllegados, después de saludar a sus familiares mediatos e inmediatos, recostaban un taburete de cuero en un horcón de la casa para descansar y repartir las cartas que enviaban los paisanos que se habían quedado en la lejana Venezuela.  En esa posición recibían las visitas de los que venían por las cartas y dinero en efectivo, pues, además de hacer como mensajeros, también hacían el papel de banqueros. Descansaban muy poco. Esa misma noche, se reunían los que habían llegado y compraban un cartón de ron del que estuviera de moda en el momento; se iban a la plaza del pueblo y lo colocaban en todo el centro, para que el que quisiera tomara y brindara por los “venezolanos”, mientras ellos, tomaban whisky del más fino, el cual habían comprado previamente en Maicao. Continuando con la noche, empezaban los sancochos de gallinas robadas, claro que ese otro día las pagaban al triple del precio que verdaderamente costaban. Mandaban a prender la planta eléctrica que suministraba luz a toda la población, normalmente hasta las nueve de la noche, pero cuando llegaban los alegres jóvenes “venezolanos”, la cosa era a otro precio; la planta no se apagaba jamás, ellos se hacían cargo íntegramente de todo lo que la planta eléctrica necesitara, desde comida y plata para el administrador y el técnico hasta combustible del mejor para la maravilla tecnológica del pueblo. Esta vida bohemia se convertía en una rutina hasta cuando los bolsillos quedaban limpios, entonces, recurrían  sus pertenencias que habían comprado para deslumbrar a las chicas, entre las que se encontraban: grabadoras de catorce baterías, sombreros blancos de alas anchas, ropa y zapatos de última moda, relojes más grandes que una tapa de mentol, gafas oscuras de las más finas, pulseras y cadenas de oro; todo aquello tenían que venderlo para hacer la plata de los pasajes de vuelta a Venezuela.
Las razones que llevaron a emigrar hacia la hermana patria venezolana a dos paisanos peñonciteros: Gregorio Navarro Niño e Ildefonso Guerrero Niño, fueron las de trabajar para conseguir dinero suficiente y poder terminar una carrera profesional en Colombia, pero Venezuela no fue tierra de promisión para ellos, y se tuvieron que devolver con las manos llenas de vejigas de sangre; dar al traste con sus ilusiones y emprender en su pueblo natal una labor como docentes fundadores de escuelas y colegios. Lo que quiere decir, que si se puede ser profeta en su Tierra.
Por malas jugadas en el campo deportivo, también emigraron algunos peñonciteros, es el caso de Joaquincito Palacios, quien era líder en su época juvenil; portero y capitán del equipo de fútbol, promotor de peleas de boxeo con guantes de toallas de baño que se enrollaban los púgiles en las manos. Pues bien, resulta que como aun sucede, el deporte es una de las cenicientas en el país en cuanto al apoyo gubernamental a través del presupuesto nacional, había que recolectar fondos entre los mismos aficionados y practicantes de deportes, tales como el fútbol y el boxeo, para poderlos dotar de uniformes y otros implementos deportivos. Joaquincito se dio a la tarea de recoger, cada vez que se hacía reunión, una cuota para comprarles a los integrantes del equipo de fútbol y a los boxeadores, un uniforme a los primeros y dos pares de guantes a los segundos; sucedió que cuando calculaban que había el dinero suficiente para que Joaquincito comprara los uniformes y los guantes de boxeo, empezaron a reclamarle, entonces este señor hizo como el capitán araña: armó el alboroto, anocheció pero no amaneció, rumbo a Venezuela, de donde jamás ha regresado.

4.2 CONSECUENCIAS DE LA EMIGRACIÓN HACIA VENEZUELA

Todo fenómeno social tiene repercusiones grandes y pequeñas en el seno de la misma sociedad. La emigración hacia Venezuela en el caso de la población peñoncitera no fue una excepción. Peñoncito mejoró su infraestructura; se pasó de las construcciones de bahareque con techo de palma a las de mampostería en cemento, varillas y techo de tejas o zinc. El nivel educativo de la población subió, debido a que muchos padres financiaron los estudios secundarios y universitarios de sus hijos. El campo comercial, agrícola y ganadero también progresó. Esto se debió a que no todos los que emigraban a Venezuela lo hacían con el propósito de despilfarrar el dinero en parrandas, lujos y otras diversiones; o de tomar la emigración como una rutina desgastante y anacrónica, sino que lo hacían con el objetivo de mejorar socioeconómicamente; se sacrificaban trabajando en el vecino país durante dos o más años, pero con la intención expresa de invertir el dinero ahorrado en negocios  productivos que le garantizaran estabilidad económica en su  propio pueblo, para no tener que regresar a Venezuela.
La otra cara de la moneda la presentaba la situación crítica que tenían que soportar las esposas, compañeras o concubinas de los hombres que emigraban hacia Venezuela con el propósito de regresar otra vez. Pues estas mujeres quedaban a la intemperie, sin recursos para poder solventar la situación económica de la familia. Tenían que hacer magia para poder alimentar, vestir, sostener el colegio y comprar las medicinas a sus hijos, que por lo general eran numerosos. Porque  comúnmente  sus maridos no les mandaban dinero en el transcurso de su estadía en el vecino país. Así que tenían que soportar el peso de una responsabilidad demasiado grande para una sola cabeza de hogar, hasta que ellos regresaran. El hombre pensaba que a su regreso todo quedaba solucionado, pues con el dinero que traía pagaba las deudas adquiridas por su mujer en su ausencia. Lo que ignoraba este señor era que los tenderos fiaban hasta cierto tiempo y cantidad, de ahí en adelante la mujer tenía que pagar en especie. Por tal razón no era raro que encontrara otro miembro de la familia que él no había dejado.  Si la mujer, como sucedía casi siempre, se iba de aguante trabajando la granjería para poder sobrevivir; de todas formas se presentaba otro problema. Cuando su marido se volvía a ir, quedaba nuevamente embarazada. De esta manera la familia crecía vertiginosamente y las complicaciones socioeconómicas también. Habían mujeres que no soportaban más y le quemaban todos los documentos a sus maridos para que se tuvieran que quedar, así fuese a la fuerza.
Algunos jóvenes cuando se casaban lo hacían casi siempre un día antes de emigrar hacia Venezuela. Esta circunstancia traía por lo general nefastas consecuencias. Es difícil para una joven recién casada tener que  separarse de su esposo ese otro día después del festejo de la boda. En el mayor de los casos, el novio, por la borrachera no tenía pies ni cabeza para consumar el matrimonio y le tocaba viajar madrugado en la inconsciencia total. Sin imaginar que atrás dejaba el rancho ardiendo, para que otros se lo apagasen.
Uno de los problemas más grandes y graves como consecuencia de la emigración que sufrió aquella sociedad, era la formación afectiva de los hijos de los emigrantes. El niño era criado solamente con el calor y el afecto materno.  La natalidad en ausencia de la figura paterna se convertía en una constante en la sociedad peñoncitera de la época; lo que impedía obviamente que el niño, como debería ser, estuviese viendo e interactuando permanentemente con su padre. Es decir, el bebé crecía sin conocer a su progenitor. Cuando su padre regresaba a casa, ya el hijo tenía de dos a tres años; así que el mes o los dos meses que permanecía en su hogar no era tiempo suficiente para que el infante lo reconociera afectivamente como tal. Este fenómeno contribuía a distanciar cada vez más al hijo del padre, y a medida que el niño o la niña se iba desarrollando tanto física, mental y afectivamente; los lazos filiales y paternales progresivamente se iban deshaciendo, o en el mejor de los casos, debilitando; hasta el punto de que el hijo veía a su progenitor como un extraño, y el padre al hijo como a un rival. Teniendo en cuenta lo anterior; la experiencia vivida y los estudios de casos, comprueban que  las personas que se formaron bajo estas condiciones eran o son seres permeados por la ambivalencia: eran o son inseguros o demasiado confiados en sí mismos, egocéntricos; dependientes o extremadamente  liberados; tímidos o en exceso descarados; resentidos sociales o en su defecto, ostentosos, presumidos y prepotentes; irresponsables o  sicorígidos y perfeccionistas; poco afectuosos con sus hijos o en extremo consentidores y sobreprotectores, por el complejo de culpa que los perseguía como si fuese un lastre, parecido al esclavismo; neuróticos o extremadamente tranquilos y autocompasivos; introvertidos o exageradamente extrovertidos; con serios problemas de aprendizaje y dificultades en el proceso lectoescritural y demás problemas del lenguaje,  o por el contrario, deslenguados y con la chispa acelerada. Este panorama patológico, no necesariamente fue una constante absoluta durante aquella época; existieron excepciones y también alternativas de cambio basadas en procesos educativos de reingeniería o de tratamientos psicológicos tendientes a  llenar los vacíos afectivos dejados por aquella forma de vida familiar que tanto prejuicio le causó y le causa a la sociedad peñoncitera."


07 enero 2011

Boletín historial de peñoncito



Publicación autorizada por mi gran amigo el escritorFrancisco de Jesús Navarro Fonseca ( Chico Navarro)

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“1. Generalidades de peñoncito
 1.1 Historia de su fundacion En la margen derecha del Río Magdalena y al Sur del Departamento del mismo nombre, se encuentra ubicada la población de Peñoncito. Fue fundada en el año 1875 por un pescador proveniente de la Rinconada Bolívar, llamado Leoncio Contreras Navarro, quien aprovechando “La Subienda” del pescado, construyó su vivienda en la desembocadura del caño de Pijiño en el sitio llamado “La Peña”, de aquí parece derivar el nombre de Peñoncito, porque en apariencias era pequeña, pero a través de posteriores excavaciones que se han realizado, como por ejemplo, las diferentes perforaciones que se hicieron en distintos sitios del pueblo para la construcción de pozos o aljibes del acueducto, se encontró a unos 35 metros aproximadamente una tierra dura de color amarillo impermeable que no permitió seguir la excavación.Otra versión dice que un día Leoncio Contreras fue como de costumbre a pescar, con tan mala suerte que no atrapó ningún pez, pero en una de sus últimas lanzadas pescó una peña, lo que le hizo expresar: “caramba, tanto tirar la atarraya para coger un peñoncito”. Con el pasar de las subiendas y debido a la posición estratégica del lugar, más pescadores y familias enteras se sumaron a la de Leoncio Contreras, entre las cuales se citan las siguientes: los Fonseca, Navarro, Olivero, Niño, Delgado, Martínez, Gómez, Palacio, Pacheco, Castilla, Ocaña, Romero, Vargas, Guerrero, Herrera, Toro, Ernache, Ortiz, Gutiérrez, Jiménez, Dávila, Machado, Cantillo, Caballero, Molina, Medina, Ávila, Fuentes, Acuña, Sánchez, Bánquez, Pérez, Viveros, Villafañe, Estrada, Hernández, Lara, Torres, López, Tovar, Sáenz, Ortega, Arrieta, García, Flórez, Arévalo, Patrón, Rivas, Oyaga, Rodríguez, Raad, Mejía, Rojas, Ramos, Borré, Baena, Guerra, Matute, Vázquez y Velázquez; fueron construyendo sus chozas o bohíos hasta conformar un caserío denominado como tal por el municipio de San Zenón, debido a su poca extensión. No obstante, en el año de 1920 fue creado Corregimiento del Municipio de San Sebastián, que a su vez fue creado Municipio por decreto ley emanada por la gobernación de Luis Millán Vargas, siendo presidente de la República, el General Gustavo Rojas Pinilla. Desde ese momento Peñoncito fue el “trompo de quiñar” entre San Zenón y San Sebastián durante mucho tiempo; lo que permitía la variabilidad de acuerdo con el semáforo de la política: si se encontraba en rojo, entonces Peñoncito pertenecía al Municipio de San Sebastián; si por lo contrario, pasaba al azul, en tal caso este corregimiento pertenecía al Municipio de San Zenón. Esta danza del sobijo llegó a su término cuando San Zenón, que era la sede jurídica reconoció a Peñoncito como Corregimiento. Después de este acto histórico, los habitantes de Peñoncito, ignorantes en el conocimiento de sus derechos, se sometieron a una especie de dictadura por parte del gobierno municipal que les obligaba, por ejemplo, a prestar sus servicios gratuitos en trabajos pesados del campo o en la construcción y empaje de casas de bahareque en el pueblo de San Zenón. Es digno de resaltar, que siendo Peñoncito un asentamiento humano conformado por familias muy ricas económicamente, sin embargo, se preocupaban poco por educar a sus hijos, por esta razón eran llamados por sus vecinos, “burros con plata”. Lógicamente, esta situación actitudinal iba a cambiar con el paso de los años y la evolución del proceso educativo en la población. El nombre completo de Peñoncito, según algunos datos encontrados en la notaría de San Zenón, es el de Santa Cruz de Peñoncito; pero con el transcurrir del tiempo, gracias al fenómeno del desuso, perdió su primer nombre y quedó simplemente, Peñoncito; también es fundamental anotar aquí, que en 1989 en el marco de la realización del Primer Festival Nacional del Casabe, fue rebautizado con el nombre de Peñoncito de los Zarales, la tierra del casabe, el pan de América. Antiguamente sus casas estaban ubicadas en la calle de la Albarrada a orillas del caño de Pijiño y del río Magdalena, pero por las continuas crecientes del río, sus habitantes optaron por trasladar sus viviendas a la parte alta de la zona, conocida como “El Cascajero”, denominada así por encontrarse ubicada allí una mina de cascajo o guijarro. Estos terrenos se los compraron a los señores, Andrés Corcino Delgado Muleth, Santiago Fonseca, Martín Niño y últimamente al señor Anselmo Pérez. La medisión de los terrenos se hacía a través de una vara, la cual tenía una dimensión de dos (2) metros; esta actividad, denominada “cubicar” era realizada por el señor Anselmo Pérez. Después de haber construido y reubicado el pueblo en los terrenos antes mencionados, decidieron construir una iglesia de tabla debido a que la anterior se averió por las continuas inundaciones, al pasar los años ésta también se fue deteriorando, entonces se vieron en la necesidad de derrumbarla. Empezaron a realizar reuniones comunales para plantear el problema y buscarle una solución al mismo. Después de varias deliberaciones decidieron aportar una cuota por casa de acuerdo con la condición económica de la misma. El hecho de que la mayor parte de la población estaba conformada por familias pudientes: terratenientes, grandes ganaderos y comerciantes; pudieron recolectar una cantidad suficiente de dinero, con el cual empezaron las obras de construcción con materiales resistentes al medio, como por ejemplo, bases en concreto, varillas, zinc, cemento, cascajo, arena, columnas vaciadas, etc. Sin embargo, no faltaron las desavenencias; cuentan que el señor Francisco Toro, uno de los hombres más pudientes del pueblo, se negó a dar la colaboración que le pedían, por tal razón el alcalde de San Sebastián se vio en la penosa necesidad de discutir con el renuente, hasta el punto que tuvo que amenazarlo con ponerlo preso; como era de esperarse el señor Francisco Toro recapacitó y aportó su cuota. La iglesia se terminó de construir en el año 1948. De esta manera, a través del trabajo de autogestión, se fueron construyendo otras obras de uso comunitario, tales como: el Cementerio, las escuelas “Pablo VI” y “San Pedro Claver”, la Casa Cural. Después de estas obras vinieron otras que también se edificaron con aportes de la comunidad y de la gobernación del Magdalena, tales obras fueron: el Puesto de Salud y la Inspección de Policía, la cual fue construida en 1971. Es fundamental aclarar que la comunidad estaba organizada a través de una Junta de Acción Comunal, fundada en el año de 1967, siendo su primer presidente el señor Juan Jiménez Jiménez y su tesorero, el señor Felipe Toro. El caso de la Casa Cural, fue subgeneris, puesto que se pudo construir, gracias a que la señora Isabel María Fonseca, salía todos los sábados de casa en casa recolectando cinco centavos, los cuales los introducía por la ranura de una urna de madera mandada a construir a los carpinteros de Mompós, especialmente para tal fin, y poderla abrir el día que no le cupiera una moneda más; fue así como se consiguió el dinero para edificar la Casa Cural y una aula escolar. En el año de 1930 se construyó el Cementerio, por el maestro constructor de origen momposino, el señor Pedro Castaño. Como toda obra tiene su propia anécdota, la del Cementerio de Peñoncito, no iba a ser la excepción: cuentan nuestros abuelos que el pueblo estaba reunido en el puerto recogiendo colaboración. Cuando por cosas de la vida pasó un hombre llamado Juan Guzmán en su canoa de doce varas; como a todos los que pasaban le pedían el apoyo, a él también se lo solicitaron, pero este hombre se negó y sonrió irónicamente, diciendo que “primero le salía un guamo en la cabeza antes de que Peñoncito hiciera un Cementerio”. Dicen que fue castigo de Dios, aunque haya personas que no están de acuerdo que exista un Dios castigador, lo cierto fue que a aquel señor le sucedió algo aleccionador: la canoa en la que siempre viajaba, la más segura de la región, un día cualquiera se volteó en frente de Peñoncito, con tan mala suerte que don Juan Guzmán se ahogó. Cuando lo encontraron, su cuerpo estaba en alto estado de descomposición, por tal razón no pudieron llevarlo a su pueblo Pijiño, pese a que su esposa doña Carmen Jiménez reclamaba angustiosamente el cadáver, pero las autoridades del corregimiento se vieron en la necesidad de enterrarlo en Peñoncito, convirtiéndose así en el primer ser humano sepultado en nuestro Cementerio. Al cierre de esta edición Peñoncito cuenta con una población de ________ habitantes, según el último censo realizado por el DANE. Con 18 promociones de bachilleres; 35 licenciados; 5 ingenieros; 7 enfermeras profesionales; 3 economistas; 3 contadores públicos; 3 administradores de empresas; 3 odontólogas; 5 abogados; 12 técnicos; 2 médicos mujeres, 2 bacteriólogas; 4 fisioterapeutas; 2 trabajadoras sociales, 1 arquitecto y demás personas que se dedican al campo laboral y comercial en distintas actividades productivas; desde mototaxistas, pequeños ganaderos, agricultores, artesanos, pescadores, johnsistas, amas de casa, modistas, granjeras, peluqueros, casaberas, mecánicos, soldadores, oficinistas, secretarias y secretarios, tenderos, cantineros, hasta todo tipo de trabajadores informales. 1.17.3 El origen de peñoncito Este mito fue escrito por un hijo de Peñoncito, Francisco de Jesús Navarro Fonseca. Cuenta un manuscrito encontrado en una excavación hecha por el guaquero Yarido Méndez en inmediaciones entre Peñoncito y Puerto Arturo, que para una creciente inmensa volaba un “Halconcito” surcando el espacio abierto del cielo, cortando con sus alas el aire húmedo de la atmósfera. Llevaba en su pico un dátil de la palma conocida en la región como “Palma Zará”. Cuando oteo en la anchura del río una mancha de tierra, se dirigió velozmente hacia ella, y en forma certera dejó caer el fruto. Con el tiempo nació una planta palmácea, que se fue irguiendo altiva y desafiante en medio de la soledad del lugar, al alcanzar una altura considerable, empezó a brotar un hermoso racimo de dátiles. A su debido tiempo el racimo se fue desgajando lentamente, y aquellos frutos se enterraron en el suelo. Con el ocaso de las lluvias, empezaron a germinar nuevas plántulas que crecieron vertiginosamente. Aquella mancha de tierra poblada de palmas Zará se fue forjando de tal manera que le ganó bastante terreno a las aguas. Un río, llamado “Guacahayo” por los nativos de la región, un caño de aguas oscuras y varias ciénagas se encausaron para dejarle sitio a una porción de tierra alta y poblada de palmeras. Tiempo después, pasó por allí un ángel que no podía volar, encorvado por el peso de un costal lleno de piedras, no tuvo otra alternativa que sacarle el hombro al bulto, el cual cayó al suelo esparramándose por toda la zona, dando así origen a una mina de cascajo y peñoncitos. Para completar la obra divina y natural, esta tierra bendecida por Dios fue poblada por hombres y mujeres magníficos que llegaron persiguiendo un pez dorado; se enamoraron del lugar y fundaron el pueblo. A esta población la bautizaron un ocho de diciembre, con el bello nombre de Peñoncito de los Zarales."




vease tambien: 




El fenómeno de la emigración en peñoncito magdalena