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01 septiembre 2012

Realidad Social


"No siempre depende de nosotros ser pobres; pero siempre depende de nosotros hacer respetar nuestra pobreza".
Voltaire


















Harold  Arrieta   G. 

11 marzo 2012

Pijiño Del Carmen con el mayor índice de Necesidades Básicas Insatisfechas



fuente


13 noviembre 2011

Un destino Incierto

 El peor pecado hacia nuestros semejantes no es odiarlos, sino tratarlos con indiferencia; esto es la esencia de la humanidad
William Shakespeare

Poemas de Pablo Neruda



Cuando nací, 
pobreza,        
me seguiste, 
me mirabas 
a través 
de las tablas podridas 
por el profundo invierno.        
De pronto 
eran tus ojos 
los que miraban desde los agujeros. 
Las goteras,        
de noche, repetían 
tu nombre y tu apellido 
o a veces 
el salto quebrado, el traje roto,        
los zapatos abiertos, 
me advertían. 
Allí estabas 
acechándome        
tus dientes de carcoma, 
tus ojos de pantano, 
tu lengua gris 
que corta        
la ropa, la madera, 
los huesos y la sangre, 
allí estabas 
buscándome,        
siguiéndome, 
desde mi nacimiento 
por las calles. 

Cuando alquilé una pieza        
pequeña, en los suburbios, 
sentada en una silla 
me esperabas,        
o al descorrer las sábanas 
en un hotel oscuro, 
adolescente, 
no encontré la fragancia        
de la rosa desnuda, 
sino el silbido frío 
de tu boca. 
Pobreza,        
me seguiste 
por los cuarteles y los hospitales, 
por la paz y la guerra.        
Cuando enfermé tocaron 
a la puerta: 
no era el doctor, entraba        
otra vez la pobreza. 
Te vi sacar mis muebles 
a la calle: 
los hombres        
los dejaban caer como pedradas. 
Tú, con amor horrible, 
de un montón de abandono        
en medio de la calle y de la lluvia 
ibas haciendo 
un trono desdentado        
y mirando a los pobres 
recogías 
mi último plato haciéndolo diadema.        
Ahora, 
pobreza, 
yo te sigo. 
Como fuiste implacable, 
soy implacable.        
Junto 
a cada pobre 
me encontrarás cantando, 
bajo 
cada sábana        
de hospital imposible 
encontrarás mi canto. 
Te sigo, 
pobreza,        
te vigilo, 
te acerco, 
te disparo, 
te aislo, 
te cerceno las uñas,        
te rompo 
los dientes que te quedan. 
Estoy 
en todas partes:        
en el océano con los pescadores, 
en la mina 
los hombres 
al limpiarse la frente,        
secarse el sudor negro, 
encuentran 
mis poemas. 
Yo salgo cada día        
con la obrera textil. 
Tengo las manos blancas 
de dar pan en las panaderías.        
Donde vayas, 
pobreza, 
mi canto 
está cantando, 
mi vida        
está viviendo, 
mi sangre 
está luchando. 
Derrotaré 
tus pálidas banderas        
en donde se levanten. 
Otros poetas 
antaño te llamaron 
santa,        
veneraron tu capa, 
se alimentaron de humo 
y desaparecieron. 
Yo te desafío,        
con duros versos te golpeo el rostro, 
te embarco y te destierro. 
Yo con otros,        
con otros, muchos otros, 
te vamos expulsando 
de la tierra a la luna        
para que allí te quedes 
fría y encarcelada 
mirando con un ojo        
el pan y los racimos 
que cubrirá la tierra 
de mañana.
       
Pablo neruda 
La pobreza es esa enfermedad tan cruel que solo los ricos poseen... 

04 julio 2011

Conciencia Social
















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02 julio 2011

Villa Isidora Pijiño del Carmen

Un lugar mágico

"El peor pecado hacia nuestros semejantes no es odiarlos, sino tratarlos con indiferencia; esto es la esencia de la humanidad"

Willian Sakespeare



En medio de carboneros plagados de chicharras que ensordecen, dividivis escuálidos curtidos por el tiempo, llenos de polvo y chichafrias, surge en pijiño del carmen un  nuevo barrio, un barrio lleno de esperanza, de gente humilde, que ha sufrido con los años pero que a pesar de las adversidades de la vida, las crecientes y el acelerado crecimiento demográfico, han encontrado un nuevo lugar donde albergarse, un lugar donde se puede comenzar de nuevo con  sus familias, una oportunidad para muchos que nunca han tenido hogar y que hoy la vida les ha dado la dicha de tenerlo.
Un paraíso macondianos lleno de encanto, con calles amplias y callejones oscuros,  casitas de barro que evocan la época del mechón. 
Diariamente se escuchan los golpeteos de construcciones nuevas, el guapirreo de la gente empalmando, el correr de los burros por sus calles escuetas, los vendedores de yuca, las gallinas cantando y los perros peleando.
Un barrio lleno de magia de fascinación, con niños encuero y descalzos corriendo detrás de los grillos y las mariposas esquivando los vidrios y las espinas.
Cuando llueve, caudales de agua color ocre corren, llevándose Consigo los sapos y renacuajos que al son de las gotas brincan en los charcos buscando espacio donde posarse.
Bandadas de caballitos emergen en el cielo azul, abejas africanas que deambulan, manadas de patos que surcan el horizonte hacen que las tardes sean únicas y que ni Morfeo caería ante tanta belleza.
Para recoger el agua, las mujeres como en el tiempo de las tinajas, caminan enfiladas con canecos potes y vasijas, entre murmullos chismes y anécdotas pasadas esperando   que de aquella manguera tostada, pisada por los burros y las vacas surjan las primeras gotas de  el preciado liquido que a su llegada emana sonidos que hacen brincar y danzar los niños al son de la mama que los regaña para que meta el bangaño y no deje perder el agua.
Harapos multicolores colgados en las cercas, cual banderas en sus astas curtidas por los desdenes del tiempo, bateas que se resquebrajan al golpeteo del manduco.
En sus calles el sonido del hacha, el olor a humo, a tinto y yuca quemada, en sus esquinas la dueña de su casa con escoba en mano  peleando con la vecina  porque el niño le pego al pollo.
En sus casas fogones llenos de ollas y cascos ennegrecidos por el tizne y las cenizas,  contrastan con el vaso de coca cola y la botella de Pepsi, sus trascorrales improvisados llenos de alambres y pullas impiden el libre transito de gallinas ajenas que en sus andares picotean comidas tapadas, la ama de casa se enoja pero cuando pone debajo del tinajero no dice nada.
Los personajes del barrio nunca faltan, la rezandera, el cortador de leña, el vendedor de suero, el mayorista de ñeque, la vecina peleona, el que se  lleva los sancochos cuando los borrachos se duermen, el vendedor de cazabe, el cortador de lata, el hacedor de mandaos, el pescador, el arreglador de zapatos, y hasta el que construye las casas mochas.
En sus miradas alegres y sonrisas cautivas, se ve la humildad más no la pobreza, son ricos, riquísimos poseen lo que a muchos seres humanos les falta, la decencia, el carisma los buenos modales y la buena atención.
Este  es villa Isidora, un barrio cuyo único mal de su gente es ser pobre, pero con convicciones dignas de admirar, con gente de pujanza, trabajadora y amable que con el sudor de su frente en largas jornadas de trabajo, arriando varas y cortando estantes desde muy lejos, han logrado levantar, un lugar propio donde refugiarse a las inclemencias del sol y las lluvias.
Villa Isidora crece ante la mirada atónita de los que pasan, los que murmuran y los que no creen que esto sea realidad, lleno de paisajes míticos, con atardeceres que posan sus sombras calidas sobre la empedrada tierra de sus cimientos, con cielos que destellan un azul profundo, atravesado por aves migratorias que en su curso se pierden en la basta lejanía.


Ojala la meritocracia no se apodere de algo que al pueblo le pertenece
Harold Arrieta 






























 "La pobreza sólo existe en aquel que se siente pobre."




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